lunes, 30 de abril de 2012




La acacia plantada especialmente bajo el farol.
El farol era la más antigua de la fuentes luminosas.
El árbol era el más antiguo de los seres vivos.
Yo era el más antiguo de todos.
Cada cosa construida a mi alrededor me simpatizaba.
Una parte de mí había salido a hacer una cosa otra vez.
Ayudar a mi vecino a construir.
Vivir junto a él el nacimiento de sus hijos.
Yo fui niño antes de que los padres
viniera a traer hijos al mundo,
antes que todos estos árboles tuvieran pena
de la tempestad de su naturaleza, mientras
que era la mía la que provocaba,
era yo mismo quien me decía:
debo comenzar a olvidar, tener la vida
clara, como la superficie más frondosa,
aunque sea de noche en una distancia
que no puede acabar con la luz eléctrica,
la solidaridad y tintineo aparte: soy como un señor muy viejo,
muy formal.
Un día encontraré un árbol y construiré una casa a su alrededor.
Otro día abandonaré mi casa y cuando regrese habrá crecido un árbol
Otro día plantaré un árbol dentro de mi casa.